LA SENDA DEL CELORIO, GERAS - PARADILLA


Panel metálico en el punto de inicio de la ruta

























La Senda del Celorio es una ruta que nace basada en un relato del escritor José María Menéndez López, titulado "Celorio el de Geras, tu sabes" e ideada por dos hermanos vecinos de uno de los pueblos por donde discurre, Paradilla.

Apta para cualquier persona que le guste un poco caminar por el campo, combina naturaleza, arte y literatura, ya que, aparte de hacer senderismo y disfrutar de un bellisimo paisaje, a lo largo del recorrido de algo menos de 6 kilómetros encontraremos una escultura de Amancio González Andrés y ocho paneles en los que están grabados en hierro los fragmentos que componen el relato de Celorio; relato que trata de ensalzar los valores de la amistad, el compañerismo, la tolerancia y el respeto.

La ruta comienza en el margen derecho de la carretera LE-473 que va desde La Pola de Gordón hacia el Puerto de Aralla, concretamente entre los puntos kilométricos 8 y 9, poco despues de dejar a la izquierda la entrada señalizada hacia el Hayedo de la Boyariza y muy cerca ya de la Ermita del Cristo de Geras de Gordón.

Para llegar a este punto desde nuestra casa rural en Camplongo debemos desplazarnos en coche unos 26 kilómetros que nos llevarán algo más de 20 minutos.



Encontraremos buen sitio para aparcar al lado del panel anunciador de la ruta y desde allí, dejando a nuestra izquierda unas cuadras, tomamos en suave pendiente un cómodo camino desde el que divisamos las casas de Geras de Gordón a nuestra izquierda y a lo largo del cual, además de un bonito paisaje, iremos encontrando los ocho paneles metálicos en los que se nos narra la historia de "Celorio el de Geras".

"Celorio viene al mundo fuera de tiempo, a sangre, de nalgas: su madre lo nace en las tierras, en Geras, y su padre, comadrón por necesidad, deja en claro la azada para arrancárselo del vientre a fuerza de manos, que las tiene como garras. De aquello le queda a Celorio un hablar timbrado, la frente desacostumbradamente ancha, unos ojos afilados y como llenos de agua, y cierta apariencia de ave zancuda; le queda también el cuello rígido y un no poder acostarse para dormir, ni para nada, cosa que hace de pie, estribado en una estaca, en una sebe, o contra un árbol, o en cualquier sitio si tiene gana".


































"Cuando pequeño, la primera vez que lo llevan a la escuela, se pierde durante el recreo, la segunda se escapa y la tercera no va. En realidad, no huye: le tiene gusto a subir como otros escogen arrastrarse: trepa al crestón de granito de Paradilla que domina el valle y gasta allí las horas mirando el cielo de frente, que hacia arriba no es capaz, o espigando guijarros de colores en los quiebros de las torrenteras, jaulas de luz que luego intercambia por un rato de amistad entre los otros críos del pueblo. El maestro entiende cabal dejarlo en paz, porque Celorio sin duda está loca y el maestro no está para locos".






























Avanzamos por el camino, algo deteriorado por el agua en algunos tramos, en dirección oeste con la Peña Aveseo de frente, que luego iremos dejando a nuestra derecha

"Un día Celorio hace aparte y cuenta una treintena de guijarros, los mejores de su colección: casi un millar. Busca al Paco, de quien no recuerda un solo agravio, y le entrega el regalo. El Paco, un rapaz de naturaleza reposada, desorbita los ojos al recibir el tesoro, hipa de gozo y dice «Gracias», no dice nada más porque no lo espera y porque, a su idea, no tiene cosa alguna con que agradecer. Celorio, que no entiende de deudas, le taja una de sus miradas y resuelve con voz campanuda: «Luego de muerto, que me entierren arriba, tú sabes, entre los peñascos, cara al cielo, que ahora nunca puedo verlo»"















Seguimos subiendo poco a poco con un bonito valle a nuestra izquierda, y por detrás del mismo Geras, el Pico del Castro o las montañas que enfilan hacia el Cerro Pedroso.

"Veinte años después, mediada la guerra, al Paco lo reclutan de oficio porque tiene hechuras y conoce el monte. Le dan un fusil y una gorra y lo mandan a vigilar desde lo alto las maniobras del enemigo. El Paco obedece y vigila y no ve nada durante meses, hasta que una tarde, él y otros tres son convocados a las afueras del pueblo por el capitán, un tipo ventrudo con trazas de asesino, para cuadrar un pelotón de fusilamiento: van a ejecutar al Celorio, a quien han encontrado la noche anterior dormido en la tienda de mando, y como que dormía de pie y tampoco se avino a explicarse, lo juzgan de espía."


Mirada atrás al camino ya andado



















Terminamos el tramo de subida en un collado desde el que ya divisamos el pueblo de Paradilla frente a nosotros. Aquí además encontraremos colocada la escultura que simboliza la mano de Celorio queriendo alcanzar las estrellas que no podía mirar, una pieza de casi 1,5 toneladas de peso tallada en mármol negro.
A nuestra derecha, en lo alto, por donde podríamos llegar hasta la Peña Aveseo que ya queda un poco atrás, otro fragmento del relato que a estas alturas ya nos tendrá intrigados sobre su desenlace.

Escultura de Amancio González que simboliza la mano de Celorio, con las cumbres nevadas del Valle de Arbas al fondo
"El negocio queda emplazado para el atardecer. Llega la hora, solos capitán, pelotón y reo; se lee la sentencia y se organiza el tinglado; a la voz de fuego, al Paco lo ciega el recuerdo de los guijarros, se llena de coraje, maldice el reglamento y apunta alto; los otros, que también conocen al Celorio, deciden, cada uno a su manera, matarlo sólo un poco, y el infeliz cae al suelo con dos balazos en un hombro y otro en el vientre, pero cae tan falto de ministerio, que se tronza el cuello contra un pedrusco y va contrayéndose hasta quedar así, acurrucado, paralizado pero vivo, gimiendo de estupor como un niño".


Paradilla al fondo

Collado donde se asienta la escultura de Amancio González



























Desde este alto también disfrutaremos de las excelentes vistas sobre el cordal que va por encima del impresionante y extenso Hayedo de la Boyariza y sobre el propio hayedo, divisando cumbres que van desde el Pico Bustillo al Cerro Pedroso, pasando por la Silla y la Carda.























Ya por zona llana nos vamos aproximando a Paradilla y a su iglesia situada en lo más alto del pueblo, en la peña del mismo nombre, donde tenemos un estupendo mirador y el desenlace de la historia del Celorio. Sin duda un lugar que merece una visita por el paisaje que podemos contemplar desde aquí.

"El capitán estalla en blasfemias, luego escupe sobre el cuerpo, desenfunda la pistola y se apresta a propinarle el tiro de gracia. «Si lo hace, lo reviento», oye a su espalda, y se vuelve: el Paco lo está encañonando ahora. «¿Me entiende, cabrón? ―el Paco insiste, tiene los ojos anegados de guijarros de colores―: ¡Si aprieta el gatillo, juro por dios que lo reviento!» El capitán vuelve a escupir: «¡Imbécil!», masculla con indiferencia suicida mientras amartilla el arma y apunta a la sien del caído. El disparo se produce a bocajarro: suena como un golpe de agua abierta, y apenas si tiene persistencia, excepto por el eco".


































"El cuerpo del capitán voltea y se desmorona como una corteza seca; los demás, perplejos, ni se mueven cuando el Paco se vuelve contra ellos, interrogándolos en silencio. Un instante después, se ahombra al moribundo y lleva el paso hacia Paradilla, hacia lo alto, «tú sabes». Los otros lo dejan ir sin mediar palabra; esperan allí las cinco horas que le toma subirlo a la cumbre para tenderlo cara arriba, entre las rocas; esperan todo el tiempo que vela su agonía mientras lo escucha susurrar poniendo nombre a tantas estrellas que nunca ha visto; esperan a que lo entierre y esperan aún más, hasta su vuelta".

Iglesia de San Juan en Paradilla de Gordón

"Amanece cuando regresa. Para entonces, sus compañeros han acordado un informe donde la muerte del capitán sobrevino como consecuencia del rebote fatal de una bala. El Paco se opone, no entiende el porqué de arriesgarse por su causa. Uno de ellos, uno de su mismo pueblo, responde con otra pregunta: «¿Y por qué lo hiciste tú?». Al Paco se le vienen de nuevo los guijarros a la mirada: siente rabia: no quiere llorar, pero sus ojos destellan. «Por un amigo», contesta. «Ya…», replica su paisano con voz ahogada; mira al punto a los otros y zanja de una vez la polémica: «Pues por lo mismo nosotros»."




Poema de Rosalía de Castro a la entrada del cementerio de Paradilla





















































Aquí, al lado de la iglesia y del cementerio, podemos reponer fuerzas ya que tenemos un buen merendero con mesas y bancos, descansar y relajarnos contemplando el paisaje antes de volver a Geras. Podríamos volver por donde vinimos pero para hacer la ruta un poco más circular y no repetir el camino ya andado lo más recomendable es bajar hasta el Río Casares que discurre pegado a la carretera que sube al Puerto de Aralla.

Para ello retrocedemos unos metros sobre nuestros pasos y tras dejar atrás las últimas casas de Paradilla por la carretera asfaltada que llega al pueblo, tomamos un sendero que sale a la izquierda (encontraremos algunos hitos) y que tras atravesar la carretera en dos ocasiones nos lleva hasta el enlace con la LE-473 que cruzaremos al igual que el puente sobre el Río Casares para continuar por la margen derecha del mismo.





Llegando al puente donde cruzamos la carretera LE-473 y el río





















































Una vez del otro lado del río tomamos un camino que sale hacia la derecha que dejaremos a los pocos metros para continuar por un sendero más estrecho, también a la derecha, que va casi pegado al río, a veces por pastos y otras entre árboles y muros hasta llegar al camino que viene del Hayedo de la Boyariza y que alcanzaremos tras cruzar por encima, sin puente, el Arroyo Meleros.


El río a nuestra derecha

Río Casares


El hayedo a nuestra izquierda

Camino que viene del Hayedo de la Boyariza por donde volvemos a la carretera





















































Y tras llegar a la carretera, por su izquierda, pegados al río por detrás de la bionda protectora volvemos al punto de inicio y fin una ruta muy recomendable, apta para todo el mundo y que sin demasiadas prisas nos puede llevar unas dos horas y media.


Mapas y enlace al track de la ruta en wikiloc:
Plano de la ruta. Fuente: Diario de León



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